A veces cuando pienso en el ser
humano sus complejidades mitos y leyendas crímenes, desaciertos y aciertos,
pienso más en cada ser humano como un país, capaz de comenzar y terminar
conflictos, con nuestras propias leyes mitos, leyendas y creencias de cualquier
índoles, en frontera con ese amplio mar de países que día a día se cruzan con
nosotros, capaces de hacer tratados de paz de amistad y armonía, aceptando y
rechazando tratos y propuestas para conservar la igualdad y la negociación con nuestro entorno.
Pienso en el ser humano de esta
manera, ya que cada uno de nosotros estamos interconectados alrededor de este
maravilloso planeta de una u otra manera
hombro con hombro siguiendo nuestro destino, si somos seres capaces de
convivir con nosotros mismos y dejar que nuestras leyes; nuestras fronteras,
nuestros decisiones y estados de ánimo no desarmonicen con nuestros países hermanos,
podremos crear el entorno que realmente queremos.
No haremos al mundo feliz pero
podremos lograr que los países más cercanos se sientan cómodos de vivir en el
mismo continente (llámese casa, barrio, trabajo etc. etc.) con nosotros y ellos
a su vez practicar los mismo en su capacidad.
Pensemos en nosotros como países con la disponibilidad de abrir nuestros brazos
al tratado de amistad y al intercambio de cortesía con nuestros iguales, habremos
de entender que tenemos la capacidad de extender nuestra mano firme y
caritativa al país necesitado que se
cruza a diario con nombres y rostros diferentes.
Por eso nunca dejemos de practicar “La cortesía de
la amistad”.
Y a pesar de todo de saberlo al revés y al derecho sigo
preguntándome…..¿Quien tiene mi queso?